domingo, 4 de julio de 2004

De González a Reagan

En un artículo publicado en Homenaje a Fraga Iribarne, el Prof. Huerta de Soto clasificaba a los políticos en cuatro tipos:

Tipo uno: Aquel que busca el poder única y exclusivamente para luego perpetuarse en él, sin pararse a analizar nada más. Absolutamente pragmático. Casi todos los políticos estarían en este grupo, pero Felipe González le parece un buen representante al Prof. Huerta y no seré yo quien le contradiga.

Tipo dos: Sería el político procedente del tipo uno que es consciente en algunos momentos del daño ocasionado, pero no pierde su pragmatismo en aras de la perpetuación en el poder. Aquí yo pondría de ejemplo a José María Aznar en muchas de sus actuaciones centro-reformistas.

Tipo tres: Liberal, intenta que sus medidas vayan orientadas en esa dirección, pero sin arriesgarse por ello a perder el poder. Coincido con el ejemplo de Esperanza Aguirre.

Tipo cuatro: Él mismo explica el ideario liberal de forma tal que lo hace lo suficientemente atractivo para ganar las elecciones y llevarlo a la práctica. Reagan y Thatcher (sólo en momentos puntuales) serían ejemplos válidos.

A mí no se me ocurren más políticos del tipo cuatro. Curiosamente hablamos de países de tradición individualista (EE.UU. y Gran Bretaña) y no es el caso de España, me temo. De ahí mi relativo conformismo con que aparezcan más políticos del tipo tres (posible también en partidos socialistas, como se vio en Nueva Zelanda y otros sitios) mientras se sigue realizando la labor divulgativa de la que hablábamos.

6 comentarios:

Albert_Esplugas dijo...

Que Reagan tenía un discurso notablemente liberal no hay duda, pero que lo fueran las políticas que aplicó ya es más discutible.

Murray Rothbard
http://www.mises.org/fullstory.asp?control=1544

Sheldon Richman
http://www.mises.org/freemarket_detail.asp?control=488&sortorder=authorlast

Sea como fuere, Ronald Regan colocó el liberalismo en el primer plano del debate político cotidiano. Para cuándo un político español que declare que “el gobierno no es la solución, el gobierno es el problema”. Aunque sólo fuera retórica, ya sería más de lo que tenemos ahora.

Albert_Esplugas dijo...

En el blog del Miseshubo algunos comentarios sobre el legado de Reagan. También sobre el artículo de Sheldon Richards que señalo más arriba.

Roberto Suárez dijo...

He dicho "en momentos puntuales", Albert. Y eso es difícilmente discutible. Y en cuanto a España, precisamente por eso escribí las anotaciones. Si un político mantiene el discurso reaganiano aquí, no dura dos telediarios. Reagan apelaba allí a la tradición americana, la de los Padres Fundadores, al patriotismo americano primigenio, basado en la inviolabilidad del individuo. Nada que ver con la tradición estatista española, a pesar de los numerosos movimientos anarquistas que en España hubo.

Por ello, la división del trabajo ha de ser más puntillosa si cabe aquí, creo yo.

Roberto Suárez dijo...

Con los chicos del Mises estamos en lo de siempre. ¡Claro que es importante la fidelidad a unos principios que para nosotros son básicos! Pero eso no es óbice para reconocer los pequeños y tímidos avances de un político determinado; negarlo es de una necedad incomprensible. Un político no es un académico; está sujeto al mandato de los ciudadanos y ha de mantener un continuo equilibrio. Yo no me conformo con ello, pero no cierro los ojos a la realidad tampoco.

La importante labor del Mises Institute ha de seguir desarrollándose y... quién sabe. A lo mejor en un futuro cercano hay un Ron Paul en la Casa Blanca. Aunque teniendo en cuenta que Lew recomiendo no votar, desconozco cómo piensan cambiar la situación.

Y es que son buenos en su trabajo (académicos y profesores), pero creo que nefastos estrategas.

Albert_Esplugas dijo...

Fallo mío. Creí que lo de “en momentos puntuales” iba sólo por la señora Thatcher.

En cuanto al anarquismo español, creo que podríamos incluirlo también dentro de la “tradición estatista”, si con ello nos referimos a cualquier fórmula de gobierno colectivista. Una tiranía descentralizada asamblearia, sindical, comunal... o como quiera que se la denomine es también un sistema de agresión y servidumbre, solo que con una estructura distinta.

Tiene sentido lo que dices acerca de la estrategia, pero es que muchos libertarios no creen que el sistema pueda cambiarse desde dentro. Lo cierto es que no sé hasta que punto es inherente a la democracia esta dinámica intervencionista. O mejor dicho, a la existencia misma del Estado. He votado hasta ahora y no descarto seguir haciéndolo. Y si fuera estadounidense creo que votaría al LP sin apenas dudarlo. Pero no tengo claro que esta estrategia (la vía política) sea útil para reducir o suprimir el Estado. Por ahora me parece al menos la más adecuada para propagar el mensaje liberal.

Roberto Suárez dijo...

Quizás algunos se sentirían identificados con muchas de las cosas que Rothbard escribe. Quién sabe...

El Estado siempre tiende a crecer, y probablemente haya que concluir que el intento de un Gobierno limitado ha fracasado. Pero dudo que se pueda ahondar sin los pasos intermedios. Y si no se hace desde dentro, mediante una concienciación social previa, eso sí, no sé cómo. ¿Alguna idea?

De todos modos, todo esto venía a cuento de que yo sí valoro hechos puntuales si van en la dirección adecuada. Algo es algo.