viernes, 17 de junio de 2005

Contra la manifestación

En relación con lo recién comentado, dice el Manifiesto: La familia sí importa que “El Gobierno español promueve iniciativas que atentan contra los fundamentos de la familia”. Sinceramente, no estoy en absoluto de acuerdo.

Que se cometa el grave error mencionado, no va en absoluto en menoscabo de la familia tradicional. ¿Por qué habría de ser así? Esas uniones ya existían, simplemente no estaban reconocidas legalmente. La sociedad no se ha desestructurado por ello durante este tiempo y, en todo caso, de haber ocurrido, sería fruto de una evolución social de los propios individuos y no de una ley aprobada por sus sectarios señorías.

Del mismo modo, es un error pretender que la familia tradicional ha sobrevivido hasta hoy por el mero hecho de estar “protegida” por los poderes públicos. Somos los individuos los que tomamos las decisiones sin necesidad de amparos positivistas.

Respecto a la adopción, es cierto que es el niño el que tiene el derecho a ser adoptado. Pero precisamente por eso, limitarlo mediante la condición de que sea un hombre y una mujer es caprichoso y devalúa completamente ese pretendido derecho. Sin mencionar que es falso que hoy día sea imprescindible esa condición tampoco, pues se permite la adopción por una sola persona.

No es tampoco función del Gobierno banalizar o priorizar nada. Si hay una ley que permite el divorcio, se usa o no se usa; nadie está obligado a ello. Y el hecho de que se critique la unilateralidad que permite la nueva ley, me parece francamente escandaloso. Lo criticable es que aún así haya que esperar tres meses para romper voluntariamente un acuerdo, salvo que se defiendan los contratos de esclavitud voluntaria. ¿Por qué dos personas no pueden acordar firmar un acuerdo cuya resolución sea unilateral y sin motivación objetiva? Pero tampoco conviene detenerse mucho en esto, pues es consecuencia de la previa existencia del “matrimonio público”. Sin lo uno, no sería necesario lo otro.

Con todo, lo más grave viene luego. Y es que si esta manifestación fuese para mostrar el apoyo a una determinada forma de entender la vida en familia, probablemente hasta me sumaría, pues comparto la importancia de esa institución milenaria en la formación de unos comportamientos pautados que hacen posible la vida en libertad. Pero lo que así se hace es levantar la voz pidiendo intervención al Gobierno. Y eso no.

Porque lo importante no es tanto lo que los ungidos pretendan hacer desde su posición de fuerza, si no el mero hecho de que puedan hacerlo. Pidamos libertad para vivir en paz, cada cual según su moral y según los principios básicos de respeto a la vida, la libertad y la propiedad. Pero si pedimos que el Estado intervenga en una dirección moral determinada, perdemos todo punto de legitimidad.

También sería conveniente que algunos entendieran que no tienen derecho alguno a reclamar igualdad de trato en una cadena privada de televisión. Critiquen lo que quieran, que ello no significará estar en contra de la libertad de expresión, como los de siempre dirán, pero hay que tener claros los límites.

Aún así, sólo faltaba, tienen todo el derecho a expresarse libremente, aunque sea para pedir medidas que son ilegítimas a mi parecer. Y que desde sectores que defendieron manifestaciones no autorizadas (recordemos que, por desgracia, las calles son públicas y hace falta autorización administrativa) y, por tanto, ilegales, en las que se agredió a personas y propiedades ajenas sin rubor alguno, se pretenda deslegitimar ese derecho, es ciertamente vomitivo.

Por otra parte, los convocantes son conocidos y el PP no está entre ellos. Pero aunque así fuese, también podría hacerlo. Nuevamente en este caso, que la crítica venga de partidos políticos cuyas preferencias siempre estuvieron en las algaradas antes que en el Parlamento, es de un cinismo atroz. Por mi parte, el apoyo del PP como partido político (sus miembros son libres de hacer a título individual lo que les venga en gana, o así debería ser) me parece erróneo, aunque ciertamente revelador de su tendencia no-liberal, con propensiones a la coerción moral.

También será divertido ver la reacción de los teóricos del pueblo que habla y se mueve. Y es que para algunos, cuando el pueblo se manifiesta en la dirección opuesta a la suya, es que simplemente está equivocado, manipulado o en la ignorancia. Pues prueben ahora su propia medicina con dignidad. No deja de ser curioso ver los papeles cambiados: la derecha en la calle y la izquierda defendiendo el orden establecido.

Para finalizar, me gustaría comentar algo de la postura oficial de la Iglesia española. Tienen el derecho, y si me apuran el deber, de mostrar su concepción moral, de ejercer el proselitismo, de manifestarse o gritar desde los púlpitos para ello. Pero es grave, insisto, apelar al Estado para que mediante actos liberticidas les ayude en la labor.

Bien es cierto, que vivimos en una democracia parlamentaria, donde las mayorías son definitorias. Los que están tan a gusto en semejante orden de cosas, deberían tener presente, así sea por mera coherencia, que la Iglesia es un referente moral de muchos ciudadanos y que goza de una representatividad efectiva (mayor que los poderosos sindicatos, por ejemplo, a los que sí se tiene en cuenta; será por aquello de sus métodos de persuasión).

En fin, quizás ahora que la cosa se mueve, sea el momento de manifestarse por cosas realmente importantes, tales como la rebelión fiscal. Eso sí es un robo en toda regla que no se debiera consentir.

Contra el matrimonio gay

Regular las uniones homosexuales como si de un matrimonio tradicional se tratara es profundamente antiliberal, además de una considerable sandez, sólo explicable por el afán provocador del Sr. Rodríguez, que bajo un manto de talante y diálogo, esconde un sectarismo atroz.

Es antiliberal porque amplia la intervención estatal en vez de disminuirla. Efectivamente, las uniones entre personas son hechos privados que en nada competen al Estado. No tiene sentido alguno que la institución del matrimonio tenga que ser sancionada administrativamente, ni siquiera bajo la disculpa de la protección. Y esto es así porque si el matrimonio tradicional, y por extensión la familia, han ido desarrollándose hasta nuestros días, siendo una fuente de estabilidad social indudable, nada tiene que ver en ello la manida protección de los poderes públicos. Son los propios individuos los que han de decidir, a través de la libre interacción, qué instituciones permanecen, desaparecen o evolucionan. Como tampoco le compete al Estado cuándo esas uniones han llegado a su fin (divorcio o separación).

De hecho, son muy heterogéneas los tipos de uniones existentes hoy en día, entre las que están incluidas las parejas del mismo sexo, sin necesidad de que estén regladas. Parece ser que, probablemente con la mejor intención, no nos damos cuenta de que iniciamos un camino en el que debemos tener el consentimiento del Estado para cosas que llevamos haciendo muchos años. ¿Y eso por qué? ¿No estamos concediéndole una legitimidad al ente predatorio por excelencia de la que debiera carecer para nosotros? La única apelación a los poderes públicos debiera ser para que el matrimonio actual dejara de ser “protegido”, nunca para ampliarlo aún más. Será ciertamente curioso ver a las parejas homosexuales luchando para poder separarse libremente. Doscientos años después, ciertos españolitos siguen con su particular ¡Viva las cadenas! Por lo demás, ¿cuánto costará a mi bolsillo todo esto?

Tampoco me parece justificable el argumento del mientras tanto. Y es que se suele argüir para defender esta medida legislativa, que mientras conseguimos que el Estado se aparte de todo tipo de uniones, al menos igualemos a los homosexuales. ¿Igualar en lo negativo? Curiosa manera de luchar por la libertad. ¿Y por qué no la poligamia o la poliandria? ¿Entonces sí apelamos a conceptos morales, a la tradición, etc,? Muy poca gente entra en este asunto, porque de inmediato se encuentra ante una contradicción flagrante.

Decía que además me parecía todo esto una sandez. Y ello porque se ha abierto un debate moral sobre los tipos de relaciones absolutamente contraproducente y ya muy superado. Es decir, lo que era de forma natural un hecho asimilado, se está convirtiendo en una batalla. Y todo por la habitual obsesión de ciertos grupos de presión empeñados en buscar la bronca social constantemente, en este caso intentando acceder a una institución, la matrimonial, que siempre aborrecieron. ¿Qué necesidad había de llamarlo precisamente matrimonio, si lo que se perseguían eran unos meros derechos positivos?

Que no me hablen de homofobia pues. Primero, porque si de legalidad hablamos, no había problema alguno. Cada uno podía, y puede, acostarse con quien quiera mientras se cumplan los criterios de edad y consentimiento. Sin embargo, la poligamia o la poliandria que antes mencionaba, son prácticas incomprensiblemente prohibidas y eso sí merecería un clamor, por lo que tiene de liberticida y moralizador que mediante la coerción estatal se dictamine lo que es lícito y no lo es en el ámbito de las relaciones privadas. Pero eso no interesa, con lo que se aprecia el amor por la libertad de algunos (muchos) personajes a los que se les llena la boca constantemente.

Segundo, porque no ver oportuno la institucionalización de esas relaciones no quiere decir en absoluto que no se respeten como hemos visto. Sencillamente se trata de dar a cada cosa el nombre y el tratamiento que le corresponde, sin que por ello se vea afectada la igualdad jurídica ni la libertad personal. Amén de que ciertas pretensiones igualitaristas no son más que profundizaciones en el error intervencionista.

Ahora bien. ¿Y la famosa manifestación?

viernes, 3 de junio de 2005

Existencia, ausencia

Duelen mucho más algunas existencias que ciertas ausencias.

FJL en Oviedo

Mi amigo y yo nos sentamos lo más cerca que podemos del escenario, teniendo en cuenta también que se pueda ver claramente la mesa donde se colocarán los protagonistas, aunque es uno en especial quien realmente nos importa.

No tarda en salir, solo, con pasos acelerados. Viste un traje veraniego, camisa oscura, sin corbata. Todo muy abundante, magnificado quizás por su pequeñez física que contrapone a su grandeza moral. Tímidamente, de soslayo, nos saluda como respuesta al estruendoso aplauso que le recibe.

Estamos en Oviedo, en la Sala Principal del Auditorio Príncipe Felipe, tras una noche corta y un desayuno frugal; pero merecía ciertamente la pena para ver directamente a quien ha sido el causante principal de mi pasión por la libertad. Hace ya tantos años… Atrás quedan las cartas que le escribía a Pedro J. en el año 96 pidiendo la incorporación de este genial individuo al periódico que yo compraba diariamente. Era una cuestión lógica: así me ahorraba comprar también el ABC, pues sólo por sus Comentarios Liberales llegaba a mi mano.

Lo del amigo que hoy me acompaña también tiene miga. Un joven izquierdista en su momento (ya saben, la enfermedad más habitual a cierta edad), pero recuperado para la causa tras innumerables discusiones. Tan sólo queda pendiente arrebatarle de las garras neoclásicas, pero todo se andará.

El público es muy variado. Desde jubilados hasta jóvenes estudiantes, niños más bien, a los que alguien pregunta tras de mí si están haciendo novillos; universitarios, jóvenes y no tan jóvenes empresarios; individuos sin más, que han madrugado para estar allí un rato antes de incorporarse al trabajo.… Y numerosa, muy numerosa la concurrencia.

Tras él, salen los contertulios del día y las periodistas que le acompañan diariamente. Y comienza el espectáculo. Se desenvuelve con soltura, teniendo en cuenta que muchos no le conceden ni tan siquiera la profesión de periodista. Pinchan en duro, pues con mucho atino sostiene que las facultades de Ciencias de la Información son una pérdida absoluta de tiempo.

Se les nota a todos a gusto; se lo pasan bien. Nosotros también. Me sorprende que se pueda hacer un programa de radio en directo con tanto público sin que nadie lo controle todo; espontáneamente (somos liberales, ¿no?) un silencio sepulcral se produce en cuento se acaba la publicidad y ellos se ponen los cascos.

Transmite vitalidad aunque apenas se le perciba físicamente tras el micrófono. Comunica porque no calla lo que el común piensa en muchas ocasiones. Hoy, por ejemplo, hemos conocido a la Delegada de la AVT en Asturias, una mujer a la que el Grapo le arrebató a su esposo, hace ya demasiados años, que consigue emocionarnos a todos con su testimomio cargado de sensatez y sentido común.

Su empatía es su virtud y la causa principal de que muchos pretendan enterrarle, no sé si sólo profesionalmente. Es una de las pocas gotas de agua en el desierto comunicativo actual, pero él acapara el odio de los liberticidas como ningún otro antes. En efecto, en un alarde de perversión tremendo, le achacan a él la causa de una crispación que no es más que producto de su brutal y ciego odio a la libertad.

Uno puede comprender que eso les pase a los progres de toda condición. Al fin y al cabo, les quita la careta diariamente, tantas veces como vuelven a ponérsela. Pero no concibo lo de ciertos liberales, empeñados en tildar de ultra, de facha, de neonazi, a quien es el culpable directo de que hoy se hable de liberalismo en España de nuevo.

Es cierto que su estilo ha cambiado, pero sigue cumpliendo una labor encomiable dentro de la necesaria división del trabajo. Muchos otros han cogido su testigo, mientras él batalla desde las ondas en una batalla desigual, tanto por efectivos como por métodos.

Se equivocan los expertos agitadores gramscianos esta vez. Yo he redescubierto de nuevo a este hombre precisamente por reacción ante tanta mala baba. Que sigan así.

Mientras tanto, hoy, en Oviedo, he disfrutado de la presencia de Federico Jiménez Losantos, maestro liberal. Es conveniente no perder la memoria.

jueves, 26 de mayo de 2005

lunes, 16 de mayo de 2005

Juan José Millás se confiesa fascista

Tiene este individuo un miedo ancestral a la libertad que esconde bajo un nítido manto de ignorancia sobre lo que le rodea. Cómo según propia consideración, los ingredientes básicos del fascismo son el miedo y la ignorancia, hemos de concluir que se confiesa como un fascista de tomo y lomo. No seré yo quien se lo discuta.

Claro que lo que él pretende en su vómito de hoy es bien distinto, aunque bajo su pretendida finura de científico social no haya más que la misma basura de siempre: la mayoría de los norteamericanos (votantes de Bush, claro), los católicos y los votantes del PP somos unos ignorantes atemorizados, o lo que es lo mismo, unos fascistas.

Y todo porque a Rajoy se le ocurrió poner en solfa el discurso triunfalista de ZP. ¡Cómo se atreve!

lunes, 9 de mayo de 2005

Respuesta de un aficionado...

... a un periodista deportivo.

Don Fernando Alonso se ha ganado con creces el "don", tanto por su capacidad profesional como por su valía personal. Y es que de haber alguien capacitado para expedir semejantes títulos, no creo que sea un periodista que simplemente valora la disponibilidad de una persona para atender sus llamadas. Por el contrario, quienes somos protagonistas del circo algo tenemos que decir al respecto, pues sin nosotros esto se caería. Claro que hay profesionales serios demasiado acostumbrados a pontificar constantemente.

Y lo que nos interesa de Nano no es si su anterior novia le acosa o si tiene pensado montar un harén, sino su capacidad al volante, su simpatía para con quienes somos sus seguidores y su valentía moral, en tiempos de relativismo, defendiendo valores como la responsabilidad, la perseverancia, la familia y la amistad, etc.

Hay que ser cenutrio para mezclar en el mismo artículo a María José Campanario y Julián Muñoz con Fernando Alonso. Pero es lo que ocurre cuando alguien tiene la osadía de mentar a la casta de privilegiados de los intocables, que sólo parecen entender de libertad de expresión cuando de la suya se trata.

Un mero desahogo de alguien que ve como se meten en su vida privada y el gremio salta sin remedio. Claro que como los resultados deportivos acompañan, no se han atrevido a hacer demasiada sangre. Pero tiempo habrá para el corporativismo más repulsivo.

viernes, 29 de abril de 2005

La herencia marxista

Unos cientos de trabajadores del diario El Mundo llevan unos días manifestándose ante la sede de su propio periódico, y parece ser que están dispuestos a ir a la huelga. El motivo es la negociación del convenio colectivo, que sería aplicable, claro, a todos los trabajadores, que pierden así su capacidad de negociación individual. Uno no se acaba de acostumbrar a ciertas cosas.

Las diferentes soflamas que han ido utilizando, alcanzan cotas surrealistas. Salvo que hubiese un acuerdo para ello, ¿por qué habrían de repartir sus beneficios los propietarios del periódico? Si han pactado un salario, y lo reciben puntualmente, no hay más que hablar. Y para el futuro, si la empresa no quiere subirles el sueldo, ya saben dónde tienen la puerta.

En cualquier caso, todo esto viene por la perpetuación en el errada teoría del valor trabajo marxista (y no solo, porque el bueno de Adam Smith no aprovechó la ingente labor de nuestros escolásticos salmantinos), error al que contribuye muy destacadamente este periódico y su director, que en su labor de creadores de opinión, no hacen mucho por aclararlo, antes al contrario. Luego pasa lo que pasa.

Por cierto, el preciso seguimiento que Periodista Digital hace de todo esto, ¿tendrá algo que ver con la conocida obsesión de David Rojo por Pedro J.? ¿O con que el nuevo director sea su hermano Alfonso, uno de los fundadores de El Mundo, que se fue tras una trifulca con Pedro J.? A saber.


Actualización.- Happy Butcher ha escrito un post muy interesante que sirve para entender mejor todo esto.

lunes, 25 de abril de 2005

Desde el ateísmo católico

Gustavo Bueno siempre me ha parecido el razonamiento hecho persona. Aunque se discrepe de él, es difícil no admirar su capacidad discursiva.

Ayer le entrevistaba en La Nueva España Javier Neira, genial periodista asturiano y liberal, con motivo de la elección del nuevo Papa, Benedicto XVI.(A propósito, para los que estamos obsesionados con la corrección lingüística, resulta muy interesante esta aclaración a cargo de García de la Concha).

Conviene leerse todo el diálogo que han mantenido el maestro Bueno y el gran Neira, porque no tiene desperdicio.

Así, nos encontramos con una faceta habitual en Bueno: Siempre pone en situación su respuesta. Especialmente destacable es su explicación de la frase "estar en Babia", para que se entienda bien su respuesta.

Aclara que las críticas de Ratzinger hacia la mal llamada teología de la liberación y hacia otros teólogos díscolos eran "doctrinales" en cumplimiento de su función.

Pero especialmente llamativa es su apreciación sobre las reacciones ante el nuevo Papa, con la que no puedo estar más de acuerdo.

Finaliza de manera antológica:

"Me siento incapaz de opinar de la Iglesia. Culturalmente aprecio el catolicismo. Soy ateo católico que no es lo mismo que ser ateo musulmán. Los católicos son aliados míos en muchas cosas contra terceros. El catolicismo es derecho romano más filosofía griega. Es nuestra tradición."

martes, 19 de abril de 2005

Grandioso: ¡Ratzinger!

Me encuentro apurado acabando con el trabajo para poder irme para Madrid esta misma noche, por lo que no sigo las noticias en tiempo real. Bien es cierto que tampoco esperaba que esta misma tarde hubiese fumata bianca.

Suena el teléfono y mi madre me informa de la noticia. De inmediato le pregunto por el elegido, pero no me lo dice. Me reta a que yo mismo lo adivine. Sin persarlo dos veces, le contesto:

-Ojalá sea Ratzinger.
-Ése, ése, me dice con alborozo. -¿Crees que será un buen Papa?

No lo sé, mamá. Pero de mano me parece una noticia grandiosa, por varios motivos que brevemene comento.

Se confirma lo dificultoso que es hilar fino si los cardenales andan por el medio. Consecuentemente, los especialistas hacen un ridículo espantoso en su afán por pretender indagar donde es prácticamente imposible hacerlo. Valga el ejemplo de José Manuel Vidal, que insistió hasta la extenuación en que Ratzinger no era papable en absoluto. No ha sido el único, claro; ni tan siquiera el peor. Las sandeces han sido múltiples, puesto que yo he llegado a escuchar que los cardenales no se atreverían a nombrar a Ratzinger, pues se produciría un cisma con la Iglesia latinoamericana.

Cierta continuidad queda asegurada con esta elección, lo que en sí mismo no es precisamente negativo. Es cierto que probablemente los liberales no podamos esperar de Ratzinger que nítidamente distinga entre lo moral y lo legítimo, centrando a la Iglesia como referente moral para la acción libre de los individuos, dejando de apelar al Estado continuamente. Pero es que eso no sería posible con nadie, me temo.

Y ahí está el problema. Lo que tanto molesta del nuevo Papa no es que intente moralizar vía Estado, sino que la dirección moralizadora no sea moderna, o sea progre, o sea contraria a la propia doctrina de la Iglesia. Y no digamos ya su protagonismo en el ahogo de los políticos con sotana y fúsil, que tanto daño han hecho, estos sí, a la Iglesia y a la sociedad latinoamericana. Esta elección es pues también un golpe a quienes, dentro y fuera de la Iglesia, esperaban un político social, un socialista que utilice su enorme legitimidad para dañar inexorablemente la sagrada libertad del individuo, aspecto sin el que la redención es inviable, por cierto. Pero es que el reino de estos iluminados sí es de este mundo.

En cualquier caso, no caigamos en el error de nuevo, pues no necesariamente actuará exactamente igual que cuando era un simple cardenal. Pero lo que es indudable, es que estamos ante un teólogo de primera línea, muy inteligente y con mucha experiencia. Veremos si aguanta el embite, porque de inicio le van a llover felicitaciones por doquier. (Especialmente interesante es la opinión de Atilano Rodríguez, un buen Obispo y mejor persona, sobre todo si la contrastamos con la de Anasagasti)

domingo, 17 de abril de 2005

Los desvaríos de Mario Vargas Llosa

El gran Mario Vargas Llosa es humano. Supongo que a eso, y no a servidumbres propias del medio en el que publica, son atribuibles ciertas cosas.

Estamos, para variar, ante el enésimo análisis del papado de Juan Pablo II en clave política, olvidando que un Pontífice es un guía espiritual, no un Jefe de Estado en sentido estricto. Y en ese sentido, no se entiende que D. Mario diga que "(el Papa) nunca dejó de condenar con firmeza toda medida social y política que entrara en conflicto con las enseñanzas de la Iglesia, aunque se tratara de disposiciones y leyes aprobadas por gobiernos de inequívoco origen democrático, respetuosas del sistema legal vigente y apoyadas por la mayoría de la población." ¿Acaso pretende que se mantenga indiferente ante medidas que contradicen aspectos esenciales de la doctrina católica por el mero hecho de que ciertas leyes tengan legitimidad de origen? Supongo que el Sr. Vargas Llosa considerará intolerable que se critique la pena de muerte en los EE.UU., dado que es una medida netamente democrática.

Tampoco es cierto que "después del nazismo y el comunismo, otra bestia negra para Karol Wojtyla fue el liberalismo, al que denunció con severidad destemplada en sus encíclicas." El propio Vargas Llosa se confiesa no creyente, y eso le llevaría a no prestar demasiada atención a las encíclicas, pero eso no es disculpa suficiente; ya que se anima a dictar sentencias de este calado, al menos que se las lea atentamente. Juan Ramón Rallo está haciendo un trabajo excelente sobre este tema; le llegará el turno a la magnífica Sollicitudo Rei Socialis y quizás entonces Vargas Llosa se caiga del nido. Y es que Karol Wojtyla criticaba el uso que de la libertad se hacía y orientaba hacia una determinada moral, lo que es tan lógico como compatible con el liberalismo, pues éste se ocupa de ordenar derechos, no comportamientos morales. Digámoslo hasta la saciedad.

Así, el peruano realiza la inevitable referencia: "En lo relativo al sexo y a las relaciones humanas (...) retrocedería (el Papa) hacia las posiciones más tradicionales e intolerantes." Y aquí incluye desde el control de natalidad hasta la eutanasia, pasando por el celibato, la ordenación sacerdotal de mujeres o el matrimonio gay. Vamos, que también podríamos utilizar un poco de marihuana como vínculo de comunión, en vez de la tradicional hostia. ¿Por qué no? Claro que hay aspectos discutibles, como el mencionado celibato, por ejemplo, que igual que se introdujo se puede cambiar. ¿Pero es tan relevante eso para alguien que se identifica como no creyente? En todo caso, los argumentos han de ser técnicos, y no temporales o de oportunidad histórica. Desde luego, así de mano, no parece comparable la aceptación de la democracia con los matrimonios entre personas del mismo sexo.

Es curioso, por otra parte, como Vargas Llosa pasa por alto el caracter netamente liberticida de la llamada Teología de Liberación, muchos de cuyos miembros sí son ciertamente reaccionarios, llegando a colaborar directamente en gobiernos totalitarios. Parece ser que eso le perturba menos que el hecho de que un Papa condene el uso del condón.

Esto le lleva a conclusiones cuando menos sorprendentes: "Esto no dejará de tener efectos en la vida política y, acaso, en Europa, signifique una involución antiliberal parecida a la que ha tenido lugar en Estados Unidos con la irrupción de los movimientos religiosos fundamentalistas en los procesos electorales." Estamos de nuevo ante el eterno equívoco. Si la Iglesia es decisiva en cuanto a un determinado ordenamiento moral de un grupo de individuos, ¿por qué eso es una involución antiliberal? Por otra parte, ¿no sería en todo caso igual de legítimo que cualquier otro giro, si se hace de modo democrático? ¿Qué ha pasado en EE.UU., por cierto? Porque no me he enterado.

Y como es muy difícil negar lo obvio, hay que recurrir a patéticas explicaciones. "¿Cómo explicar que un Papa de sesgo tan inequívocamente antimoderno sea llorado, venerado y añorado por tantos hombres y mujeres, dentro y fuera de la Iglesia católica? Porque en el país de los ciegos, el tuerto es rey." No, admirado Mario. Creo que el motivo es mucho más simple.

Sí creo que tiene razón en que la Iglesia debe dirigirse a los fieles individualmente y no a los Estados, pero tampoco perdamos la perspectiva, puesto que es el Estado coercitivo el gran protagonista de nuestras vidas. Además, suponiendo que un Estado legislase de acuerdo a lo recomendado por la Iglesia, prohibiendo el divorcio, por ejemplo, sería tan legítimo y democrático como lo contrario, si así lo desean una mayoria de ciudadanos, ¿o no? Es lo que tiene la sacralización de la democracia, olvidando otras vías de legitimación más objetivas.

Acaba, en fin, de una manera coherente con la línea general del artículo: "El magisterio y las realizaciones de Juan Pablo II (...) me temo que hayan dejado algo maltrecha a la cultura de la libertad." ¿Por qué exactamente? ¿Por su rechazo de las ideologías totalitarias? ¿O por no ser suficientemente moderno?

domingo, 10 de abril de 2005

Carta cerrada a El Padrino

Aunque debería decir, para que me entiendas mejor, padrín. Lo eras por una doble razón que supongo ya habrás adivinado mientras sonríes irónicamente, con esa mueca tan característica de quien está de vuelta de tantas cosas, ¿verdad pillo?

Tu característica voz ronca, que te ha acompañado desde hace ya tantos años (yo no te recuerdo otro timbre de voz), hace inevitables las comparaciones. Por no mencionar tus célebres sentencias, tan definitivas como divertidas.

Pero hacía mención a una doble razón. Ésta ya más relevante. Y es que padrín te llamábamos todos los hijos de tu querido hermano mayor, aunque sólo fueses realmente el padrino de uno de ellos. Supongo que tuvo algo que ver el que formases parte fundamental de nuestra infancia, una época en la que muchos momentos concretos quedan grabados en el subconsciente a sangre y fuego. Todos nosotros tenemos nuestros propios motivos, porque todos tuvimos momentos especiales contigo.

Eso incluye a tu cuñada, claro está, que tenía en ti a otro hermano pequeño, o a otro hijo, según como lo quieras mirar. Tanto da, porque según me cuenta, nunca tuviste un mal gesto ni una mala palabra hacia ella, antes al contrario; y porque la familia aumentó durante aquellos años en un miembro más. Y qué decir de mi padre, orgulloso siempre del talento de su hermano al volante, mientras juntos levantasteis, siendo apenas unos jovenzuelos, la empresa familiar.

En mi caso, siempre recordábamos juntos cuando venías a comer a casa hace ya muchos años, con una libertad absoluta, hasta el punto de llegar cuando te daba la gana, prueba fehaciente de tu pertenencia a la familia, al fin y al cabo. Yo seguía siendo un niño mimado al que le encantaba que su nena (mi hermana) le cebase, y siempre que tú llegabas, inmediatamente me hacía cargo de la cuchara, para evitar tus sarcásticos comentarios. Claro que sabías muy bien todo lo que ocurría, así que mis intentos por disimular eran baldíos.

También eras muy aficionado a ponerme motes, ninguno de los cuales llegó a molestarme nunca. Hasta el punto de que actualmente aún te dirigías a mí como Manolo, sin saber por qué, y yo te respondía instintivamente.

Pero el motivo de esta carta no era recordar cosas que tú conoces perfectamente. Mi intención es mostrarte mi enfado, que a su vez está motivado por un profundo egoísmo. Me explico.

Hace tiempo que aprendí que uno vive del presente, y que los recuerdos pueden convertirse en un serio obstáculo si no se administran bien. Y en ese presente, estabas tú de muy diferentes maneras. Directamente, en la ruta a la que últimamente me había aficionado los fines de semana. Aunque tu ritmo era otro (mi vermut duraba más que tu vino), siempre coincidíamos el tiempo justo para comentar lo malos que eran los jugadores del Madrid, la genialidad de Fernando Alonso, alguna cosilla de la empresa, de mayor o menor importancia y, sobre todo, alguna maldad. También en las esporádicas comidas que hacíamos, en las que me divertía como un enano con tus punzantes comentarios, y que solían acabar con una timba en la que siempre nos pelabas, al menos a mí. Por no mencionar los partidos del Mosconia, en el último de los cuales nos pasamos toda la primera parte hablando de mi viaje fin de curso de 8º de EGB, al que tú nos llevaste en autocar. Aún recordabas cómo sudabas en la pista de baile, rodeado de quinceañeros, como si fueras uno más.

Pues bien. Durante estos amargos días de duelo, mientras masticaba en silencio la enorme rabia que me produce tu prematura y estúpida muerte, he llegado a la conclusión de que soy un egoísta. Porque sé que tú estarás, en el peor de los casos, plácidamente dormido eternamente, y la eternidad en ese estado, no es más que un suspiro para ti, pero es mucho para los que vivimos al margen de ella. Aunque realmente, yo estoy convencido de que ahora mismo estarás mirando socarronamente a San Pedro, preguntando por los colegas y familiares que para allá se fueron antes que tú.

Sea como fuere, el hecho es que ya no podremos disfrutar de ese presente contigo. Y eso es lo que me jode un montón, padrín. A mí y al resto de quienes te conocían y apreciaban, que a la luz de lo vivido en los últimos días, eran muchos. Sí, muchísimos; no seas malvado. Se les notaba en la cara que te querían, que no iban por marujerar. Creeme. Al menos, eso es ciertamente reconfortante para nosotros en un momento así.

Y ese enfado egoísta al que hacía mención, es el que tenemos que vencer todos (y entre todos). Comenzando por tu esposa, tus hijos y tu suegra, a los que les queda la titánica tarea de vivir sin tu presencia física; tienen que vivir con tu recuerdo, pero no de él. Continuando por tu hermano, tu cuñada y tus ahijados, y el resto de tu familia, que nos hemos visto privados de una figura esencial en nuestro pasado y en nuestro presente. Y acabando por tus amigos, que tienen que jugar la partida sin ti.

Descansa en paz, padrín. Yo me quedo rumiando el gran rato que pasamos la tarde del pasado sábado, esperando que ese recuerdo esté por encima de la inmensa rabia que siento en estos momentos, y que no tengo sobre quién o qué canalizar. Sé que, como mi pequeña ahijada inocentemente dijo, "todo el mundo se muere, hasta el Papa". Pero uno no se acaba de acostumbrar nunca. Te quiero. Te queremos. Y sé que lo sabías.

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Nota: Este post es un desahogo, tan necesario como personal, por lo que espero se comprenda que no se habiliten los comentarios.

lunes, 4 de abril de 2005

La coherencia de un referente moral

Soy Iglesia, porque estoy bautizado y confirmé posteriormente esa pertenencia voluntariamente. Durante esos años, me sentí orgulloso del Papa, siempre dispuesto a buscar a los jóvenes para darnos mensajes de esperanza: No tengáis miedo. Un Papa que doctrinalmente mostró una coherencia apabullante, y cuyos escritos, fundamentalmente las encíclicas, pero no solo, no tenían desperdicio alguno, pues en todo momento trataba de situar al hombre como protagonista de su propia vida, como ya había hecho Jesús de Nazaret. Un Papa que poseía además una capacidad de comunicación tremenda, una fortaleza contagiosa, un espíritu joven envidiable. Un Papa, en fin, que trataba de cumplir su misión, aspecto que mantuvo hasta el último momento, pues no hay mejor prédica que la realizada mediante el testimonio. No nos equivoquemos.

Hace ya un tiempo que me alejé de la Iglesia, es cierto. Pero mantuve en todo momento un respeto grande hacia la figura y la labor de Juan Pablo II. Y tras comprobar las diversas reacciones, veo que mi sentimiento es ampliamente compartido por personas de muy diversas procedencias y creencias. Porque el Papa es, en primer lugar, un referente moral y un líder espiritual para millones de personas, y eso ya de por sí merece un respeto y una consideración. Pero en este caso, además, se daban otros muchos aspectos, pues su mensaje de paz y amor es reconocido casi universalmente. Difícilmente se encontrará a alguien que suscite tanta unanimidad.

Los aspectos concretos de su papado ya han sido ampliamente comentados. Y lo que queda. Pero a mí me interesa destacar algo que a veces parece no quedar suficientemente claro: El Papa no fue, ni pretendió serlo, un líder político. Es cierto que tuvo un papel importante en la caída del comunismo, pero no por su labor política directa, sino por su influencia espiritual. Ha criticado muy duramente los totalitarismos por lo que tienen de negación del hombre y de ausencia de libertad, pues Juan Pablo II era muy consciente de que sólo las decisiones libres tienen un valor moral y, por tanto, una relevancia trascendente. Pero nunca pretendió tomar partido por una corriente de pensamiento concreta, pues no era su función. Y por ello hizo también todo lo posible por acabar con la corriente interna de la mal llamada "teología de liberación", que tiene muy poco de teológica y nada de liberadora.

Descanse en paz junto a su amado Padre, mediante la intercesión de su querida María. Él se ha ido, pero nos queda su recuerdo. Ahora, que los cardenales se dejen llevar por el soplo del Espíritu, por el bien de la Iglesia, que será el bien no sólo de sus miembros, sino de los muchos que valoramos la importancia y relevancia que esta institución milenaria tiene en nuestras vidas, de una u otra manera.

viernes, 1 de abril de 2005

Sobre el vídeo

Se ha montado mucho revuelo con el famoso vídeo de la FAES, hasta el límite de tildarlo de sectario y falaz. Incluso el diario del centrista de la nada, Pedro J., afirmaba ayer que se ponía en solfa la victoria democrática del PSOE. Como además esta fundación la preside Aznar, se saca a colación el resentimiento del anterior presidente del Gobierno por haber perdido las elecciones, olvidando de mano algo tan elemental como que él NO se presentaba.

Yo he visto el vídeo varias veces y he apreciado lo siguiente: Desde la izquierda (y el nacionalismo) se ninguneó a la amenaza terrorista islamista y se acusó al (entonces) Gobierno de utilizar el atentado de Casablanca y ciertas detenciones de islamistas como justificación de la guerra de Irak, afirmando ZP incluso que había que distanciarse de ese conflicto para no correr riesgos.

Tras el atentado, desde Ibarreche hasta Zapatero, pasando por la práctica totalidad de los medios de comunicación, todo el mundo apuntaba a ETA como autora.

El Gobierno informaba a los ciudadanos prácticamente en tiempo real, con las dificultades e inexactitudes que eso conlleva.

Pero la izquierda, fiel de nuevo a su estilo, que ya había comenzado a mostrar meridianamente con motivo del Prestige y la guerra de Irak, pasó al ataque. Y para ello se recurrió a la calle, su método favorito, en connivencia con los próximos: medios de comunicación afines, artistas y los autodenominados intelectuales, junto con las inevitables asociaciones antisistema. Una izquierda, no olvidemos, que con Zapatero a la cabeza seguía sin condenar los intolerables actos fascistas que sufrieron muchos ciudadanos por el mero hecho de simpatizar o militar en el PP.

Hasta tal punto llegaron, que el día de reflexión se convirtió en una algarada frente a las sedes del PP, creando un clima de crispación y coacción inaudito en una democracia.

Una vez instalados en el poder, ya nada parece importar, y el único partido que sigue intentando que se investigue lo que ocurrió, pues cada día hay más puntos oscuros, es el PP. La multitud ya no quiere saber.

Y yo me pregunto entonces. ¿Dónde está la manipulación de este vídeo? ¿Algo de lo dicho es falso? ¿Sectario? Bien, no deja de ser un pequeño spot, y como tal con una intención determinada. Y está creado por una fundación presidida por Aznar. ¿Eso es un delito, mientras que las continuas, estas sí, manipulaciones de medios y partidos políticos son tolerables? ¿Se discute la legitimidad democrática de los resultados por afirmar que el día de reflexión fue pervertido de forma miserable? Los votos son individuales y la responsabilidad de los mismos también; allá cada cual con sus motivaciones interiores, por supuesto. Pero me parece evidente que no fue democráticamente tolerable lo ocurrido ese día.

Claro que estamos ante lo de siempre, no hay que darle más vueltas. La derecha que se calle o será tildada de extremista. Hasta Rajoy, otro centrista de la nada, entra en el juego. Aquí lo que importa es el talante, aunque sea tirando piedras.

sábado, 26 de marzo de 2005

Marxismo sobre ruedas

Quizás fuese conveniente comenzar explicando cómo está organizado el transporte de viajeros por carretera en España. Y aunque creo recordar haberlo hecho ya en un comentario a un post de Dani hace mucho tiempo, lo haré de nuevo aquí en otro momento. No tiene desperdicio. Ofrezcamos ahora simplemente algunos datos necesarios para entender lo que quiero transmitir.

ALSA (Automóviles de Luarca, S.A.) es una empresa de solera en Asturias. Yo crecí viendo de cerca cómo se desarrollaba este proyecto familiar, basado en la iniciativa, la innovación y el riesgo empresarial. Y aunque bien es cierto que como comentaba al principio este sector está mediatizado por diversas circunstancias, el hecho innegable es que nos encontramos ante la empresa más importante de transporte de viajeros por carretera en la actualidad en España, aunque muy lejos aún de otras grandes europeas.

Hace ya unos años que modernizaron su estructura empresarial, sin perder el sentido familiar que caracteriza a muchas de nuestras empresas, pero sí al menos introduciendo la necesaria profesionalización que requiere una multinacional de referencia (están muy presentes en Chile, tienen participaciones de empresas en EE.UU., fueron pioneros en su introducción en China...) Pero siguen teniendo la misma asignatura pendiente de siempre: los sindicatos.

Por ley, está permitida la subcontratación de los servicios hasta un límite, que varía dependiendo del tipo (reitero que matizaré todo esto en un futuro, y pido disculpas por no detenerme ahora en ello). Y es habitual que, cumpliendo dicha ley, muchas pequeñas empresas colaboren con ALSA en la realización de los servicios, tanto de los que poseen en régimen de concesión administrativa (las conocidas líneas o los transportes escolares públicos) como de los propios (discrecionales, o para ser más didáctico, las excursiones que se les contratan directamente, colegios privados, etc.)

Pues bien, nos encontramos dentro de esta empresa a los habituales resentidos, incapaces de crear o innovar nada, que se creen, por el mero hecho de llevar trabajando ahí varios años, que pueden tomar decisiones sobre la gestión de una empresa privada de la que no son más que empleados.

Pongamos algunos ejemplos de las habituales huelgas que estos facinerosos vienen protagonizando desde hace varios años, con el consiguiente perjuicio para los usuarios que no tienen capacidad de elección, pues en determinados servicios se opera en régimen de monopolio administrativo (aunque esto es culpa del leviatán estatal)

Así, piden que se acabe con las horas extras y se contrate a empleados nuevos para cubrir las necesidades de los servicios; se les concede, pero hete aquí que se encuentran con que sus sueldos bajan al no hacer dichas horas. Y eso es intolerable. No es eso, no es eso. Por su parte, los directivos de la empresa, optan por subcontratar los servicios masivamente, hasta el límite que la ley permite, a otras empresas. Pero éste no es el tipo de creación de empleo que ellos desean, por supuesto. Así que montamos una huelga para exigir que se acabe con los colaboradores. Y para ello se emplean las tácticas mafiosas tan conocidas y consentidas en este país, permitiendo que una manada de estalinistas siembren el terror, hasta el punto de destrozar autocares (propiedad ajena) de pequeños empresarios que arriesgan día a día su patrimonio para salir adelante (mientras crean empleo, por cierto). Para ello no se andan con rodeos: se organizan en bandas y pinchan ruedas, destrozan cristales (incluso con viajeros dentro), amenazan por teléfono... Vamos, que cuando ellos lo deciden, todo se para para evitar males mayores.

Su última hazaña, es convocar una huelga por el despido de un trabajador de la empresa; justo antes del comienzo de la misma, el individuo en cuestión llega a un acuerdo, pero la huelga sigue adelante porque... ya que estamos...

¿Cómo se aseguran de que el seguimiento sea masivo? Pues primeramente se convence a los jóvenes trabajadores de que ellos, los dinosaurios (como son conocidos internamente los que cobran un sueldazo en concepto de antigüedad y no necesitan hacer horas extras) velarán por sus intereses y saben lo que hacen. Y a continuación, se llama a los colaboradores externos, con el número oculto en unos casos, con pleno descaro en otros, para recordarles que hay huelga y que ¡¡no se puede circular!! Cuando la llamada es anónima, la amenaza es directa. En el segundo caso, el cinismo alcanza cotas surrealistas: "Le llamo del Comité de Empresa para recordarle que comienza una huelga y que puede que ciertos exaltados incontrolados no entiendan que se realicen servicios para ALSA. Si usted circula con un servicio propio, procure que quede bien claro que así es, por si acaso".

Así pues, se nos informa que el seguimiento es masivo y que no hay incidentes. Eso sí, se comentan ciertos incidentes, pero mencionando que eso lo dicen fuentes de la empresa (y todo esto un periódico que suele ser bastante neutral en sus informaciones).

Mientras tanto, por tercera noche consecutiva, unos jóvenes empresarios duermen al aire libre vigilando sus propiedades por si aparece un exaltado incontrolado.

¿Y todavía nos dicen que ciertos liberales defendemos la ley del Salvaje Oeste? ¡Qué remedio! ¿Dónde está el leviatán estatal que dice obstentar el monopolio de la violencia? ¿Se ha de consentir vivir amedrentados por cuatro marxistas que ni han leído a Marx?

Todo esto, insisto, protagonizado por unos cobardes, resentidos e ignorarantes, a los que todos les consienten todo. ¿Todos? NO. ¿Todo? NO.

miércoles, 23 de marzo de 2005

Por qué lo llaman libertad si quieren decir servidumbre

El programa de Julia Otero está rodeado de una polémica necesariamente torticera, pues son los políticos quienes pretenden decidir si merece la pena o no su emisión, y además, usando nuestro dinero para ello. En un cadena privada, todo quedaría reducido al veredicto de la audiencia y a la inevitable y legítima crítica. Obviando ahora mismo este aspecto, he de decir que he visto muchas de sus entrevistas y no pocas de ellas me han parecido ciertamente interesantes.

Hoy ha dialogado en la segunda parte de su programa con un tetrapléjico que ha dicho cosas muy razonables para luego acabar donde siempre. Veamos.

Este caballero, que al parecer ha sufrido una lesión hace años mucho más grave que la de Sampedro, se ha recuperedo considerablemente gracias a una fuerte y consistente rehabilitación, y se siente muy molesto por el mensaje pesimista que constantemente transmitía Sampedro. Aquí estamos ante una cuestión moral sobre la propia vida, y de hecho, yo coincido plenamente con él, aunque no sé lo que haría ni sentiría llegado el momento.

Pero no entra de lleno en el aspecto esencial de todo este asunto: Él (y yo) aprecia(mos) mucho la vida, pero Sampedro había decidido sobre la suya (por los motivos que sean, pues ahora hablamos de derechos) y tuvo que luchar contra una legalidad que pretende legitimar una moral determinada. Hagamos proselitismo sobre la propia moral, pero respetemos la decisión libre del que tiene otra. Y respetar no es manifestarlo verbalmente, sino luchar porque el puñetero Estado deje de custodiar lo que no le pertenece en absoluto.

Obviamente, se hizo la inevitable referencia a Mar Adentro. Le gustó la película, pero le molesta que no se muestre una visión contraria, aquélla en la que el protagonista lucha por salir adelante. Dejando al margen que me parece absolutamente falso que la famosa película muestre la historia de un cobarde, antes al contrario, estoy de acuerdo en que los debates se pervierten cuando todo se mezcla. Pero es que el propio protagonista de la entrevista lo hace sin cesar. ¿Por qué se queja de la imagen que se da de los que él llama diferentes, como si hubiese dos individuos iguales? ¿Por qué culpabiliza del pesimismo de Sampedro a colectividades como los medios de comunicación, la sociedad...? ¿Acaso él mismo no es la prueba de que se pueden tener dos respuestas antagónicas viviendo en la misma sociedad y con los mismos medios?

Llegados a este punto, hace un llamamiento enérgico, con el que no puedo estar más de acuerdo, en pro de la libertad de decisión. Incluso matiza un poco más y opina que el testamente vital, libremente adoptado, debería ser el hilo conductor. Bien.

Pero a continuación, vuelve al tema moral y al análisis subjetivo de las razones que llevan a alguien a desear morir. Según nuestro protagonista, es lógico que Sampedro adopte esa actitud, pues la familia no tiene por qué ocuparse de él; debe hacerlo ¡¡el Estado!! Y si no lo hace adecuadamente, como de hecho él manifiesta que pasa actualmente, ocurren cosas como la de Sampedro. Esto es inaudito.

Desde luego nadie tiene derecho a ser ayudado, porque eso implica necesariamente el deber de otro a ayudarle, y eso nos lleva a ejercer la coerción, lo que elimina cualquier atisbo de libertad. Pero si un familiar no tiene por qué hacerse cargo, ¿bajo que argumento (incluso moral) apelamos al Estado? Pues sacamos a relucir la manida igualdad de oportunidades y el recurrente Estado benefactor y el llamamiento a la libertad queda en nada. Ya no es derecho a elegir, sino derecho a vivir dignamente, y para ello nada mejor que la subvención con dinero ajeno mientras los familiares quedan liberados legal y moralmente.

En fin, apelamos a la libertad del ser humano pero se la negamos de facto pretendiendo presentar al Estado como dispensador y garante de ella. Al menos no se le podrá negar coherencia ideológica, habida cuenta de que se presenta como marxista.

Por lo demás, Julia Otero en su línea. Indagó sobre los motivos de su entrevistado para desear vivir tan fervientemente, esperando encontrar el asunto religioso. Pero como éste se declaró ateo, todo quedó aclarado. Quizás se sintió un poco decepcionada cuando no quiso entrar al trapo criticando a Bush por el asunto de allá, eso sí. Un Bush, por cierto, muy aficionado también a imponer su moralidad utilizando los resortes estatales.

viernes, 11 de marzo de 2005

Un año después...

Hechos como los acontecidos hace un año dejan huella de por vida. Casi todo el mundo recordará dónde estaba y qué hacía cuando se enteró de lo que realmente estaba sucediendo. No es exactamente mi caso, pues se me entremezcla todo. Por el contrario, recuerdo al detalle todo lo que estaba haciendo cuando en directo vi caerse las Torres Gemelas. Pero las situaciones personales son vitales en estos casos, y ambos hechos ocurrieron en momentos muy distintos de mi vida.

No hacía ni un mes que había comenzado con una nueva aventura empresarial y esa mañana me desperté (con la voz de Federico Jiménez Losantos) tan nervioso y agitado como las anteriores, deseoso de ponerme en marcha. En algún momento, por la radio comentaron que una bomba había estallado en Atocha, pero todo era aún confuso. Como desgraciadamente este tipo de aberraciones son muy comunes en España y supongo que, en cierta manera, uno acaba acostumbrándose aunque intente no perder la capacidad de sorpresa, me vino a la mente lo habitual: “Esperemos que sólo sean daños materiales. ¡Malditos miserables!”

Luego, ya en el coche, llegaron los primeros datos sobre fallecidos, aunque sin una información muy clara aún. Sí recuerdo el testimonio en directo de Lucía Méndez, colaboradora de la COPE y periodista de El Mundo, que hablaba confusamente desde el piso de una vecina.

Una vez sentado en la oficina, seguí escuchando la radio a través de la página web. Según pasaban las horas, iba apartando mi mente del trabajo pues el nudo en el estómago se acrecentaba sin parar. Aún así, creo recordar que no bajé a la cafetería hasta la hora de comer, momento en el que por primera vez vi las imágenes. Nada fue igual ya. Y es que no hay nada como la información que uno recibe a través de la vista. Los comentarios de la gente eran los habituales, incrementados por la magnitud de los hechos, pero en la misma dirección. Yo opté por el silencio en todo momento; ni siquiera con mis compañeros hablé del tema, pues la angustia es el único sentimiento que consigue enmudecerme.

Por la tarde, sin dejar de oír la radio, seguí trabajando en la medida de lo posible. Recordaba que un mes antes, yo recorría diariamente el trayecto Las Rozas – Príncipe Pío en tren, para ir a trabajar en mi breve estancia en Madrid. No afectó a esa línea como más tarde averigüé, pero supongo que eso me hacía sentir una identificación aún mayor, pues me venía a la mente sin parar ese tránsito diario.

Ya por la noche, me senté apresuradamente en el sofá de casa, con los ojos puestos fijamente en el televisor. Mis padres me preguntaban, comentaban entre sí… Pero yo necesitaba desahogarme en soledad y echar fuera las lágrimas que había contenido durante todo el día. Fue uno de los momentos más angustiosos de mi vida, sin duda alguna. Esos minutos no los podré olvidar nunca. Y el inmenso odio que entonces sentí, aún anida dentro de mí. Lo que no sabía entonces era que se acrecentaría, pero eso es otra historia.

El día después (un día de mucho más de 24 horas) ya nada fue igual. Se percibía en la cara de las gentes mucha tristeza, mucha angustia, mucha incertidumbre, mucho desprecio… y mucha impotencia. Y llegó la multitudinaria manifestación, que miles de asturianos aguantamos bajo una inclemente lluvia. Otro momento que nunca se borrará de la mente.

Para qué engañarse; es reconfortante sentirse tan arropado, comprobar como muchos conciudadanos comparten tus sentimientos. Eso ayuda a que la esperanza aumente, y esa sensación es lo único que hace que uno pueda seguir adelante sin perder los nervios definitivamente.

Claro que yo aún no me había enterado de lo otro. De cómo otros seres humanos son capaces de utilizar todos estos hechos en beneficio propio. De cómo se comercia con los muertos aún calientes. De cómo se alcanza el estado más miserable de la condición humana, pues quienes lo hacen no son bazofia terrorista, sino individuos que pontifican a diario sobre derechos humanos, sobre solidaridad, sobre democracia, sobre libertad… ¿Podrán dormir tranquilos? Seguro que sí. Vuelta a la desesperanza.

martes, 8 de marzo de 2005

Punto de Fuga

Lo modera una señorita (o señora, lo desconozco) que no siempre puede ocultar su sectarismo tras el flirteo que se trae con la cámara que, al menos en mi caso, produce un efecto casi hipnótico. No en vano, Mamen Mendizábal es redactora del programa estrella de la emisora de radio que más y mejor inventa noticias, eso sí, desde la más exquisita independencia, garantizada por la presencia totalizadora de ese prohombre del periodismo imparcial que es Iñaki Gabilondo. También presenta y dirije otro programa, cuyo nombre curiosamente me recuerda lo que me ocurre a mí* cada vez que veo más de 59 Segundos seguidos el debate de marras.

Debate que se emite en una cadena de televisión caracterizada por perder a la vez millones de euros y de espectadores, mientras los segundos pagan obligatoriamente los primeros.

* Hoy acuden los políticos a tratar de explicar lo miserable que ha sido en general su comportamiento en la famosa Comisión Parlamentaria de Investigación del 11-M. En realidad, ellos no lo reconocen así, pero no tiene más vueltas, aunque sí algunos matices importantes.

Y es que no deja de ser curioso que los partidos políticos que tanto hicieron por tratar de manipular los sentimientos de los ciudadanos tras el luctuoso suceso del que pronto se cumplirá un año, ahora pretendan zanjar sin más el asunto, tras vetar innumerables comparecencias en el Parlamento y cuando quedan muchos interrogantes por despejar. Mientras que el partido que sustentaba al Gobierno que supuestamente mintió, se queda solo clamando por el esclarecimiento total de los hechos. Y esto es así le pese a quien le pese.

Pero lo que ya resulta vomitivo es escuchar a mi paisano Álvaro Cuesta apelar a las víctimas para ello. A unas más que a otras, porque para él sólo existe una asociación. Quizás porque unas están menos dispuestas que otras a caer en la ignominia, a ser parte del miserable juego político, a ser utilizadas para llegar al poder. Quizás digo. No lo sé.

Y soy tan duro y directo en esto, porque me ha tocado directamente sufrir el talante manipulador de esta caterva de impresentables. Porque estoy harto de que no se individualice el sufrimiento. Porque además, los ciudadanos (todos y cada uno) tenemos derecho a saber qué ocurrió de verdad y a que se articulen las medidas necesarias para que esto no vuelva a ocurrir, seamos víctimas directas o no.

Pero como no nos encomendemos al de siempre, lo llevamos claro.

martes, 1 de marzo de 2005

Talento

Los análisis de los paniaguados y los burócratas causan auténtico espanto. Suponiendo que el Óscar recibido por Mar Adentro refleje el talento de alguien, será el de Amenábar, no el de toda una colectividad que nada tiene que ver con esa película. El premio no fue para España, tal y como Gwynet Paltrow gritó en directo, sino para el cineasta (y sus ignorantes productores, entre los que me encuentro muy a mi pesar.)

Si es tan bueno, y yo no lo dudo, que se busque la financiación para su próxima película sin recurrir a mi dinero. O que me pregunte antes al menos, que quizás le sorprenda.

Por cierto, para talento el del maestro Eastwood. Menuda película la de la chica del millón de pavos. Buff.

España como ejemplo

La profundidad jurídica en los análisis del Fiscal General de Estado es apabullante. Su sinceridad reconociendo sus servidumbres, digna de encomio. Y Astarloa no necesita leer buenos libros para caerse del guindo.

Por cierto, para una futura edición, Benson debería tener en cuenta que España es una mina.